Cómo usar el té en recetas de cocina

Cualquier amante de la cocina conoce el reto que supone enfrentarse a nuevas recetas y el placer que supone descubrir nuevos sabores. Muchas veces los ingredientes están justo delante de nosotros y los conocemos de sobra, pero nunca antes se nos había ocurrido combinarlos.

Es por eso que muchas personas están acostumbradas a cocinar con orégano, perejil, tomillo, pimienta o menta, pero nunca se han parado a incluir el té en recetas de cocina. Es sabido que el té tiene beneficios para la salud y que es, junto con el café, aliado de mucha gente en sus desayunos, comidas, meriendas y cenas. Lo que la mayoría desconoce es que el té es también un gran aliado en la cocina. Además de postres, existen muchos platos de verduras, hortalizas y legumbres que incluyen té; como las que aparecen recopiladas en la web Aromas De Té.

Como con cualquier ingrediente, antes de ponerse a cocinar con él es preciso asegurarse de que es de buena calidad y de que está fresco. Mejor que sobrecitos de té, lo ideal es conseguir hojas enteras sin pulverizar que suelen venderse a granel.

La forma más sencilla de usar el té en cocina es isarlos para substituír los líquidos que ya incluyen las recetas. Si la receta original contiene caldo, leche, zumo o alcohol, podemos reemplazarlo por algún tipo de té, siempre poco cargado. Para hacerlo, simplemente hay que preparar el té, esperar a que se enfríe e incluirlo en la preparación. Otra opción es aromatizar los platos durante su elaboración, como hacemos con las especias. Funciona tanto para platos salados, como una bechamel, como para dulces.

¿Qué té utilizar en cada ocasión?

Aunque para gustos hay colores, lo cierto es que a cada comida o ingrediente le queda mejor un tipo concreto de té. Si echásemos cualquier especia a cualquier receta, o si sirviésemos los vinos al azar sin preocuparnos del plato al que acompañan se perdería calidad y sabor. Lo mismo ocurre con el té. Para saber qué variedad de infusión emplear en cada ocasión, aquí dejamos algunos consejos de usos:

Té verde

Este té originario de países como China, Japón y Vietnam funciona especialmente bien acompañando a verduras. Su sabor suave no eclipsa el sabor de los vegetales pero les da un toque diferente. El té verde en sus diferentes variedades, como el té matcha, puede añadirse durante la cocción para prestarle a las verduras un poco de su sabor. Puede emplearse también en guisos de pescado o de pollo.

Además de en caliente, el té verde puede ser un ingrediente de postres o platos fríos como helados, pan de té o ensalada de brotes de té verde.

Té negro

El té negro se caracteriza por su sabor fuerte, por eso es idóneo para mezclar con setas, hongos y carnes. Combina bien con otros ingredientes que tienen un aroma intenso, como la pimienta negra, el regaliz, el chocolate negro o los frutos secos. Por ejemplo, si estamos elaborando un guiso de carne, podemos añadir una pequeña cantidad de té negro cuando echemos el resto de hierbas aromáticas, lo que le dará un sabor original.

Té blanco

El té blanco, que a pesar de su nombre es de color amarillo pálido, también encaja bien con hortalizas y legumbres. Tiene un aroma delicado, perfecto para mezclarlo con manzana, melón o vainilla. Así que añadiendo un poco de té blanco conseguiremos unas macedonias de frutas con un sabor único.

Té rojo

Igual que ocurre con el té negro, el té rojo tiene un sabor fuerte y marcado. Si queremos que su esencia impregne nuestras recetas, podemos incluirlo en guisos de carne y pescado, salteados de verduras, setas y hongos. Otra idea para aprovechar el té rojo es incluirlo en bizcochos, chocolates o mermeladas.

Manzanilla

Además de para aliviar el dolor de barriga o para relajarse, la manzanilla es una gran compañera de ensaladas frías, ya que contrasta con el vinagre o ciertas frutas que pueden provocar acidez.

Jengibre

El inconfundible sabor de este tallo subterráneo queda bien en platos como arroz o purés de verdura, ya que aporta a un toque picante al sabor suave de los vegetales. Funciona bien por ejemplo en el caldo de calabacín o calabaza, al que podemos añadir jengibre durante el proceso de cocción. Además, comer jengibre ayuda a aliviar problemas intestinales y es un buen antiinflamatorio.

Estas son solo algunas propuestas para empezar, pero lo apasionante en cocina es experimentar. Tal y como se hace con cualquier especia, es importante aplicar el té con moderación para no sobrecargar el plato. Sobre todo al principio es mejor utilizar infusiones poco cargadas e ir probando cómo combinan con los diferentes platos hasta encontrar la combinación perfecta.